Hace cien años, en 1912, encontramos los inicios del Movimiento de Schoenstatt en el trabajo del P. José Kentenich como director espiritual de los jóvenes en el seminario menor de los P. Pallotinos. En 1914 la vieja capilla de cementerio pasó a ser la sala de reunión de los congregantes. Por el Acta de Fundación se transformaría en un lugar de peregrinación y de gracia para los más amplios círculos.
En el transcurso del siglo pasado, aquellos pequeños comienzos se fueron desarrollando hasta convertirse en un Movimiento y una Familia que se extiende por todos los continentes y culturas. Por doquier han ido surgiendo pequeños Santuarios –y grandes centros de Schoenstatt-, todos ellos se han construído y han crecido particpando de la eficaz fecundidad del original y permanecen unidos a él por una corriente de Gracias.
Probablemente no existe en la Iglesia ningún otro lugar de peregrinación tan internacional como el Santuario de Schoenstatt, porque precisamente este Santuario se ha establecido en todos los países. El Santuario original, está localizado en Alemania y podrá considerarse Santuario nacional de la Familia de Schoenstatt en Alemania, pero es también por su propia esencia, el Santuario del Schoenstatt internacional; garante y referente para todos los Santuarios del mundo (actualmente alrededor de 200).
Este trasfondo histórico y real hacen que el Santuario original sea único y por su carisma propio “el Santuario para todos”. Todos los demás Santuarios son referentes para diócesis, regiones o países, o responden a la necesidad de una comunidad o nacieron por un determinado proyecto. El Santuario original por su esencia misma posee una orientación universal.
Todos significa: todos los pueblos y razas, todas las religiones y todas las clases sociales: los ricos y los pobres, los profesionales y los mendigos, los sanos y los enfermos, los ancianos y los jóvenes; todos los que se dejen atraer por la Sma. Virgen, se dejen educar por Ella y dejen que Ella los conduzca a Dios.
Si ahora el Santuario original es, paso a paso, entregado al Movimiento de Schoenstatt, surge para toda la Familia el gran reto de preocuparnos de que nuestro Santuario original esté verdadera - y efectivamente abierto a todos, que pueda ser experimentado por todos en su originalidad. María retribuirá con seguridad toda entrega en este sentido. Ella la que prometió y promete hoy: “atraer hacia sí los corazones jóvenes”.

25 de Marzo de 2012, P. Michael Joh. Marmann